Entrevista de Karim Rashid para BOSSEntrevista de Karim Rashid para BOSS
Historias BOSS: Karim Rashid
“Los diseñadores tienen el poder de perfilar un mundo mejor y más inteligente”

BOSS habla con Karim Rashid, el diseñador industrial responsable de la identidad de marca del nuevo velero HUGO BOSS, sobre el reconocimiento obtenido, la importancia del diseño y por qué enseñar a la siguiente generación es uno de sus objetivos prioritarios

El diseñador industrial Karim Rashid para BOSSEl diseñador industrial Karim Rashid para BOSS
  • ¿Cuándo se dio cuenta de que quería dedicarse al diseño?

    Me di cuenta de mi objetivo en la vida a los cinco años, en Londres. Los domingos solía hacer bocetos de iglesias con mi padre. Me enseñó a mirar, me enseñó qué es la perspectiva y me enseñó que podía diseñar cualquier cosa y jugar con todos los aspectos físicos de lo que nos rodea. Recuerdo dibujar la fachada de una catedral y pensar que no me gustaba la forma de las ventanas góticas (la parte superior en punta me parecía peligrosa), así que las rediseñé. Las dibujé ovaladas. También recuerdo ganar una competición juvenil de dibujo en el Queen Elizabeth cuando navegó desde Londres hasta Montreal en 1966. Dibujé el equipaje porque me sorprendió cómo habíamos conseguido guardar todas nuestras pertenencias en unas pocas maletas para ir al otro lado del mundo. Cuando me tocó rellenar la solicitud de acceso a la universidad a los 16 años, no sabía si elegir arquitectura, bellas artes o moda. Primero intenté matricularme en Arquitectura en la Universidad de Carleton, pero llegué demasiado tarde y no quedaban plazas. Me dijeron que podrían aceptarme en la rama arquitectónica de Diseño Industrial. Así que allí me fui con la esperanza de estudiar Arquitectura, pero en cuanto empecé el curso de Diseño Industrial, supe que era eso lo que quería hacer.

  • ¿Ha sido siempre creativo, incluso de niño?

    ¡Desde luego! Mi padre me animó a descubrir las artes y a ser pluralista. Era un hombre erudito con talento creativo a raudales: le vi crear muebles, confeccionar vestidos para mi madre, pintar lienzos, diseñar platós de cine y televisión… Todo lo que diga es poco . Crecimos en un ambiente extremadamente inspirador que me infundió un gran respeto por todas las artes, diseño de vestuario incluido. En casa, había bolígrafos, rotuladores, lápices de colores y papel por todos lados, así que crear y dibujar era algo natural. Nos llevaba a su despacho, donde diseñaba platós de cine y televisión, y nos pasábamos el fin de semana haciendo modelos, dibujando, jugando en el departamento de vestuario y en los propios platós. Yo hago lo mismo con mi hija. Me paso el día enseñándole a dibujar, le he explicado lo que es la muerte, que los fantasmas, los monstruos y las brujas no existen, y que Papá Noel tampoco. También que todos esos cuentos de príncipes y princesas nada tienen que ver con la realidad. Le he inculcado que una mujer hoy en día debe aspirar a contribuir al mundo y no esperar que la felicidad venga de la mano de un “príncipe”. Es una niña muy inteligente y curiosa. Me fascina ver la vida a través de sus ojos. He aprendido muchísimo de ella. Intentamos que conozca cosas bonitas e inspiradoras, como hizo mi padre conmigo. Me encanta compartir con ella mi pasión por el dibujo y el diseño. Mi mujer, mi hija y yo visitamos museos, galerías y lugares de interés arquitectónico de todo el mundo.

  • ¿Recuerda cómo se sintió la primera vez que obtuvo reconocimiento por su trabajo?

    En 1993, estaba en Nueva York sin dinero y empecé a dibujar objetos desde una perspectiva romántica del mundo que siempre había querido perfilar. Cuando me instalé como autónomo, tras contactar con unas 100 empresas, desde Lazy Boy hasta Gillette, solo conseguí un cliente. Diseñé una colección de objetos de sobremesa para Nambe, en Santa Fe, que tuvo mucho éxito. Vendieron alrededor de un millón de dólares el primer año, por lo que me llevé unos 30 000 dólares y los diseños se plasmaron en cuatro colecciones permanentes. Esa relación me dio la seguridad de que podía crear algunos objetos útiles que tuvieran un lugar en el mundo.

  • ¿Qué significa para usted el éxito?

    He trabajado en más de 40 países, he creado más de 400 diseños y he recibido más de 400 premios en los últimos 25 años desde que me mudé a Nueva de York. Es evidente que estas cifras constatan el éxito, pero creo que el verdadero premio es ver mis objetos en los hogares de la gente, o ver cómo un espacio se hace realidad y otras personas lo viven y lo disfrutan. El diseño es para la gente, no para los museos. Lo más destacado a nivel personal es ver que le gusto a más de un millón de personas en Facebook, porque siempre he visto el diseño como un acto popular, y no elitista.

  • ¿Cuál ha sido el mayor reto de su carrera hasta la fecha?

    El mayor reto del diseño es crear algo que, siendo accesible para todos los consumidores, cobre importancia en la vida de la gente, les proporcione una cierta experiencia superior y placer, y que sea original. Los diseñadores tienen el poder de perfilar un mundo mejor y más inteligente para enriquecer la vida de cada individuo, inspirar y lograr que productos bonitos y bien hechos sean accesibles para todos.

  • Sus diseños adquieren numerosas formas: moda, interiores, muebles y un largo etcétera. ¿Su enfoque creativo varía según lo que tenga entre manos?

    La diversidad me permite trasladar ideas, materiales, comportamientos, estéticas y lenguaje de una tipología a otra. Prefiero que mis pensamientos salgan con fluidez, de manera intuitiva, y trabajar en ellos en ese momento, dondequiera que el concepto o el sueño se me aparezca. Pero, al mismo tiempo, lo que llamamos intuición se basa en experiencias acumuladas, años de proyectos, libros que he leído, viajes que he hecho, fábricas que he observado y proyectos en los que he participado.

  • Dedica mucho tiempo a dar charlas en diferentes universidades y conferencias de todo el mundo. Además de su arte, ¿le gusta enseñar?

    Me encanta dar charlas y hablar sobre cómo el diseño es profundamente trascendental en nuestra vida cotidiana, y que puede cambiar de manera positiva el comportamiento humano. Hablo sobre cómo el diseño perfila nuestra cultura y nuestro futuro. Me interesa mostrar cómo el mundo físico moderno puede ser cálido, suave, humano y satisfactorio . Igual que la música, el arte, la comida y la literatura son asuntos de interés público que todos consumimos y tratamos a diario, lo mismo ocurre con el diseño. Al público le conviene comprender cómo el buen diseño puede modificar el comportamiento humano y crear nuevas condiciones sociales del mismo modo que lo hacen el resto de las artes. De hecho, me despidieron cuando impartía la clase de Diseño Industrial en la Escuela de Diseño de Rhode Island (RISD) porque mis clases trataban más sobre “filosofía y teoría” que sobre diseño. Pero siempre he pensado que el diseño necesita pensadores y no solo ejecutores. Desde entonces, he terminado impartiendo clases durante 12 años a tiempo completo a la vez que ejercía mi profesión y he dado unas 25 charlas y talleres al año por todo el mundo.

  • ¿Por qué es tan importante el diseño?

    El diseño no consiste en una forma, es una crítica cultural, un perfilador cultural, una facción de la vida social, política y económica. Cuanto más sintonicemos con el mundo comercial, más relevante será nuestro trabajo. El diseño consiste en crear una utopía física de nuestra vida diaria.

  • Es un hombre extremadamente ocupado, ¿cómo consigue tener tiempo para todo? ¿Ha tenido que sacrificar algo para estar donde se encuentra ahora?

    Esperé muchos años para tener hijos. Ahora tengo a mi hija de seis años y me gustaría haber sido padre mucho antes. Eso es todo.

  • ¿Cuál es el mejor consejo que le han dado?

    Cuando estudiaba en Italia, Ettore Sottsass me enseñó a no ser demasiado artista para llegar a ser un gran diseñador. Conservo sus jarrones y algunos trabajos de Memphis para no olvidarlo jamás. Igual que un artista no es un diseñador, un diseñador tampoco es un artista. Trabajar con Rodolfo Bonetto en Milán me enseñó que el objeto industrial es una manifestación del comportamiento. Asistir a las charlas en Canadá de Buckminster Fuller, Charles Eames y George Nelson a finales de los 70 me enseñó a no conformarme fácilmente y a entender el sector por completo. Estudiar con Marshall McLuhan me enseñó la teoría del diseño y a ver el mundo desde otra perspectiva. Y leer a Jean Baudrillard, Hegel, Virilio y Foucault me mostró que el diseño es un acto social y político. Al final, lo que cuenta es poner nuestro granito de arena para que el mundo sea un lugar mejor, desde la estética hasta el comportamiento humano, desde la ecología hasta la economía. Por tanto, el diseño es un acto creativo, social, político y económico.

Colección BOSS Hombre

Comprar ahora